En la semana en la que se ha conmemorado el Día del Abogado, Economist and Jurist ha analizado cómo ha cambiado el ejercicio de la abogacía en los últimos años, incorporando la visión de distintos profesionales del sector. Entre ellos, Rosario Romero, socia directora de RB Legal, aporta una reflexión clara sobre los retos actuales de la profesión.
La conclusión es evidente: el abogado ejerce hoy en un entorno más expuesto, con mayor exigencia por parte del cliente y con un margen de error cada vez más reducido.
Más información, pero no siempre mejor comprensión
El acceso masivo a información jurídica y el uso de nuevas herramientas tecnológicas han transformado la relación abogado-cliente. Sin embargo, como señala Rosario Romero, la abundancia de información no sustituye al criterio profesional.
«En el asesoramiento no solo la información es importante; la experiencia práctica, la visión estratégica y el conocimiento forense siguen siendo fundamentales«, añade.
El cliente actual llega más informado, pero también con más expectativas y, en ocasiones, con interpretaciones simplificadas de situaciones jurídicas complejas. Esto obliga al abogado a realizar una labor adicional: explicar, contextualizar y ajustar expectativas desde el inicio del encargo.
Una actividad de medios, no de resultados
Uno de los aspectos que más confusión genera en la práctica profesional es la diferencia entre obligación de medios y obligación de resultados.
La abogacía, por su propia naturaleza, es una actividad de medios. El profesional debe actuar con diligencia y conforme a la lex artis, pero no puede garantizar un resultado concreto. Cuando esa distinción no se comprende, aumenta el riesgo de conflicto y frustración.
En este contexto, la gestión adecuada de expectativas se convierte en una herramienta esencial de protección profesional.
Gestionar expectativas desde el primer momento
Para Rosario Romero, uno de los puntos clave en el ejercicio actual es la claridad desde el inicio del asunto: «Todo abogado que acepta un asunto asume una responsabilidad, y por eso es clave advertir al cliente desde el principio, incluso en la hoja de encargo, de los riesgos y límites del asesoramiento«, afirma.
La documentación clara, la transparencia y la comunicación directa dejan de ser elementos accesorios y pasan a formar parte de la estrategia profesional. No se trata de blindarse frente al error, sino de actuar con rigor y honestidad en un entorno cada vez más exigente.
El valor del asesoramiento preventivo
La creciente complejidad normativa y la rapidez de los cambios legislativos refuerzan la importancia del asesoramiento preventivo. Anticipar riesgos, analizar escenarios y ayudar al cliente a tomar decisiones informadas antes de que surja el conflicto es hoy una parte esencial del trabajo jurídico.
En un contexto donde la exposición es mayor y la tolerancia al error es mínima, la fortaleza del abogado no está en prometer resultados, sino en ofrecer criterio, estrategia y comunicación clara.
Pulsa aquí para leer la noticia completa en El Confidencial.
Comentarios recientes